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Documento archivado (probablemente con información obsoleta)

29-08-2007  Reportaje  
“Su hija y su nieto se salvaron pero a su esposo lo mataron”
“Esa gente llegó a la zona y en menos de un mes se metieron en el pueblo. Nos reunían cada rato y nos decían que si venían otras personas armadas no les diéramos nada. Nos amenazaban todo el tiempo. Las esposas y mamás lloraban buscando a sus esposos e hijos desaparecidos”. Con este testimonio Amalia de la Concepción Navarro, resume la situación que debió enfrentar cuando vivía en una vereda de los Montes de María (Sucre).

©ICRC


Amalia recuerda que junto a su esposo trabajaba muy duro para poder vivir dignamente. Tenía una tienda de abarrotes y un carro para poder hacer las compras del negocio. Su esposo, Emiro Cohen Torres, tenía una finca en donde sembraba maní, ñame, ajonjolí y principalmente tabaco que comercializaba en toda la región.

Un día, mientras Amalia se encontraba en El Carmen (Sucre) comprando maíz para su negocio, le dijeron que había serios rumores de que gente armada se iba a tomar el pueblo en donde vivía. Angustiada llamó a su familia, les pidió que salieran. Aunque su esposo no quería dejar la casa, la hija lo convenció y, con otras 36 familias, se desplazaron.

Al día siguiente, el 18 de febrero de 2000, viendo que no había pasado nada su esposo y su hija decidieron regresar al pueblo. “Ese mismo día, en la tarde, hombres armados llegaron al pueblo, sacaron de la casa a más de 300 habitantes y los reunieron en la plaza principal - cuenta Amalia -. Entre toda esa gente estaba mi esposo, mi hija con su hijo de un año y el esposo de mi hija. Según lo que me contó ella, comenzaron a matar mucha gente, delante de los niños. De pronto alguien dio la orden de llevar a las mujeres y a los niños a una casa”.

Mientras esto sucedía en su vereda, Amalia estaba tratando de salir de El Carmen. “Las vías estaban bloqueadas – recuerda ella -. Como pude logré salir en mi carro pero en la carretera me bajaron y lo quemaron con la carga de maíz que llevaba. Mientras buscaba otro medio de transporte recibí una llamada de alguien que me informaba que: mi hija y mi nieto se habían salvado pero que a mi esposo lo habían matado”.

Luego de dos días de angustiosa espera, Amalia logró conseguir un carro y llegar a su pueblo. “A mi esposo ya lo habían enterrado. En la casa todo estaba despedazado, la nevera llena de tiros, el televisor roto. En la tienda acabaron con todo. Me dejaron en la calle, mataron a mi marido y mi hija quedo muy traumatizada por lo que le pasó al papá. Duró mucho tiempo totalmente muda, no hablaba con nadie”.

“Decidimos desplazarnos hacia El Carmen. Allí conseguimos una casa para toda la familia. Por suerte me dieron una plata que le debían a mi esposo por los negocios de tabaco y con eso logramos sobrevivir un tiempo”.

“Luego salimos para Sincelejo (Sucre). Cuando llegué fui a la Cruz Roja Internacional y allí me ayudaron con mercados para mi familia y con algunas cositas que nos fueron muy útiles mientras nos ubicábamos”.

Luego de pasar muchas dificultades, Amalia decidió quedarse en Sincelejo. Recibió un subsidio del Gobierno con el que pudo adquirir una vivienda. “Ahora, las cosas son muy difíciles para mí. Para sobrevivir me rebusco, vendo suero y ahora estoy cosiendo ropa con unas maquinas de coser que me regalaron. No queda otro camino”.

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29-08-2007