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Rosanna Magoga, quien acaba de finalizar su misión como delegada de salud en Pakistán, junto a los vehículos que el CICR utiliza en el terreno.
¿En qué consiste el programa de apoyo?
Iniciamos el programa a finales de abril, cuando comenzaron las operaciones militares en la División Malakand, porque la mayoría de los analistas predecían que el próximo lugar de enfrentamientos sería el sur de Waziristán. El acceso a las Áreas tribales bajo administración federal (FATA, por la sigla en inglés) siempre ha sido difícil, por lo que decidimos prestar apoyo a las instalaciones sanitarias públicas existentes, en lugar de ir nosotros mismos. Les hemos entregado medicamentos y suministros durante varios meses, dando prioridad a las zonas más afectadas. En total, hemos prestado apoyo a 24 centros médicos en las Áreas tribales bajo administración federal, incluidas ocho en Waziristán. Si bien no podemos enviar a nuestro personal al lugar, hablamos con los médicos por teléfono cada semana para saber qué es lo que necesitan.
¿Cómo describen los médicos que están en Waziristán la situación humanitaria?
Una población numerosa se ha quedado en el sur de Waziristán, que es el lugar donde se están produciendo los enfrentamientos. Es imposible contar con cifras exactas, obviamente, no se puede hacer un censo en este momento. Pero lo que nos dicen nuestros contactos es que las personas que se quedaron son las más pobres, las que no pueden pagar los precios exorbitantes que los transportistas están pidiendo en este momento. Esas personas han quedado atrapadas en medio de los enfrentamientos, el toque de queda es constante, y es muy difícil para esas personas conseguir alimentos, atención médica y agua potable.
Dadas las condiciones, ¿cuántos pacientes están recibiendo los ocho centros que cuentan con el apoyo del CICR?
Los centros a los que estamos prestando apoyo en el sur de Waziristán nos informan que cada uno está recibiendo de dos a tres pacientes con heridas de bala o proyectil por día. Y a pesar del toque de queda, lo que nos deja pensar que hay muchas personas heridas que no pueden llegar a los centros de atención médica. Hay mucha sobrecarga, sobre todo porque la mayor parte del personal también ha huido de los enfrentamientos. Admiramos mucho a los médicos y el personal de enfermería que ha decidido quedarse para ayudar a su comunidad. Les estamos entregando medicamentos todos los meses, según las necesidades que ellos nos comunican.
¿La ayuda cambiaría si el CICR tuviera acceso directo?
Sí, podríamos hacer mucho más para atender a las víctimas. Estamos entregando insumos, pero sólo a pequeña escala. Si tuviéramos acceso, podríamos entregar más medicamentos y equipos. Además, podríamos reforzar los equipos de profesionales, con nuestro propio personal médico y de enfermería.